Articulo El Mundo (Blog) - 11/07/2016

12 jul 2016

Covarrubias, la flor de la cereza

Por Santiago Gonzalez

La flor de la cereza

Una vez le√≠ hace algunos a√Īos que en Jap√≥n florecen los cerezos entre los meses de marzo y abril y que el fen√≥meno es previsto y anunciado por la Oficina de Meteorolog√≠a como un elemento m√°s del pron√≥stico del tiempo. Se trata de un florecimiento en cadena; empieza por el sur, por la isla de Okinawa a principios de marzo y termina en la isla de Hokkaido un mes m√°s tarde.

La floración de los cerezos es espectáculo que congrega a los japoneses en torno a los árboles para admirar la belleza de sus flores, que tienen arraigo antiguo en la cultura nipona. La flor del cerezo era el emblema de los samurais, los feroces guerreros medievales, precisamente por su delicadeza, porque no es una flor que conozca la decadencia: mantiene la belleza de la plenitud hasta su muerte. Así querían vivir los samurais, en plenitud hasta el momento final. Dice la leyenda que las viudas de los guerreros se sentaban ante un cerezo y se administraban la muerte mediante el 'seppuku' o 'harakiri'. Su sangre calaba la tierra hasta las raíces del cerezo y hacía que las flores de aquel árbol fueran rosadas en vez de blancas.

La flor tiene un enemigo mortal en las heladas. Cuando mis padres se fueron a vivir sus √ļltimos a√Īos a Mecerreyes, su pueblo, yo ven√≠a todas las ma√Īanas a Covarrubias. Por la Semana Santa, que a veces coincid√≠a con la floraci√≥n, se notaban los efectos de una helada al bajar de las Arrevueltas y ver que El Manto, una alfombra blanca la v√≠spera, se hab√≠a transformado en un paisaje amarronado, una met√°fora de la muerte.

Creo que es un acierto que para esta distinci√≥n, la gente de mi pueblo haya elegido la cereza. Cada vez que tengo que escribir un curr√≠culum y escribo por fidelidad a los hechos que nac√≠ en Burgos, siempre me quedan ganas de a√Īadir a continuaci√≥n: "pero ojo, yo soy de Covarrubias. Aqu√≠ viv√≠an mis padres, aqu√≠ me engendraron (esto es un suponer, nunca les pregunt√© d√≥nde tuvo lugar el fausto y gozoso acontecimiento). Entender√©is que eso nunca se le pregunta a una madre y en el fondo da un poco igual.

Nac√≠ en Burgos por razones m√©dico-quir√ļrgicas. Mi madre deb√≠a someterse a una c√©sarea y ese era un asunto que superaba las disponibilidades de nuestro m√©dico, don Gabriel Escudero, y de la que fue tantos a√Īos comadrona y ayud√≥ a venir al mundo a varias generaciones de racheles, la se√Īora Paula.

Pero, sobre todo aquí vi de verdad mi luz primera, aquí di mis primeros pasos, aprendí mis primeras letras y descubrí los primeros afectos. Rainer María Rilke, un delicado poeta checo, dejó escrito que "la verdadera patria del hombre (seguro que quiso decir también "de la mujer"), es la infancia", Creo que es cierto y que esa es la razón exacta de que Covarrubias, sus calles y su entorno, sean mi geografía afectiva y una parte esencial de mi memoria. Todas su calles están llenas de recuerdos, de nombres propios, de apodos a los que tan dados somos, y de anécdotas.

No hay a√Īo en que no venga una o dos veces a mi pueblo y una actividad que realizo siempre que estoy aqu√≠ es darme un paseo matutino por todas sus calles y plazas, desde La Venta hasta el Pi√©lago, desde la Serna hasta el Cruce, Cada rinc√≥n tiene un recuerdo esencial. En Covarrubias descubr√≠ yo el mundo y aqu√≠ adquir√≠ valores que me acompa√Īaron siempre: los primeros amigos, tres de los cuales, Jos√© Luis Zorrilla, Emiliano Gallo y Jes√ļs √Āngel Blanco, lamentablemente ya no est√°n con nosotros. Tambi√©n se me fue otro amigo, Pablo San Jos√©, Pablo el de La Codorniz como le llamaban aqu√≠ todos, a quien debo una cierta educaci√≥n est√©tica y mi descubrimiento del surrealismo literario; aqu√≠ conoc√≠ el primer amor, naturalmente plat√≥nico, y tantas otras cosas hermosas, que como dec√≠a el poema de Wordsworth, perviven siempre en el recuerdo.

Las cerezas est√°n tambi√©n en mi memoria rachela. Y, naturalmente, las uvas y el vino, aquel vino de Covarrubias, un churrillo a menudo turbio seg√ļn lo recuerdo, a veces √°cido y de poca graduaci√≥n, un vino para beber con gaseosa. Yo tengo mi propia an√©cdota familiar al respecto.

Mi padre, que era un hombre de gran capacidad adaptativa, consider√≥ apenas instalado en Covarrubias que donde quiera que fueres, haz lo que vieres. Y compr√≥ un vi√Īedo en el Enderr√≠o, un plantel largo y estrecho, con media docena de cerezos, junto al de Alberto Subi√Īas. Hab√≠a en la bodega de la casa que acababa de comprar casa ocho o diez cubas, las m√°s nuevas de comienzos del siglo XIX. Mi padre hizo un lagar, freg√≥ bien las barricas, nos hizo vendimiar a toda la familia y se dispuso a producir su primera cosecha. Para probar el primer vino invitaron al t√≠o Jaime, que fue maestro en Mecerreyes durante toda su vida laboral y gozaba de veneraci√≥n en la familia. Le ofreci√≥ mi padre el primer vaso de vino, que el t√≠o mir√≥ al trasluz. Dio un sorbo, lo palade√≥, chasqueando la lengua con fuerza y luego dijo con absoluta franqueza: "flojete, acidete y malgustete".

Por aquel entonces no hab√≠a llegado a Covarrubias la idea de barricas de roble nuevo, que hoy, junto a los consejos de alg√ļn en√≥logo han hecho de la Ribera del Arlanza una Denominaci√≥n de Origen donde se hace un vino m√°s que aceptable.

A las cerezas, en cambio, nunca les puso nadie pegas. La cereza nuestra tiene alguna desventaja con respecto a la que se recoge en otras zonas, el valle del Jerte o Arag√≥n: es m√°s peque√Īa y la variedad Monz√≥n es m√°s descolorida, pero gana a sus competidoras en dulzor y es m√°s apreciada por las conserveras por su carne blanca.

La recolecci√≥n de la cereza fue la primera actividad remunerada de mi vida y tambi√©n de la de mis amigos. Ten√≠amos como patrones, que yo recuerde, a Julio Blanco y a C√©sar Gallo, que nos pagaban lo suficiente para cubrir nuestras peque√Īas necesidades adolescentes.

Este es un galard√≥n que voy a llevar con orgullo de ahora en adelante, por lo que significa y tambi√©n porque su dise√Īo se debe a una querida y excelente artista de este pueblo, Laura Jorge, a quien conozco desde que sus padres, mis queridos amigos, Miguel √Āngel y Rosa, eran novios y a√ļn antes. Hace unos a√Īos, un presidente del Gobierno me impuso la medalla de la Orden del M√©rito Constitucional. Es una condecoraci√≥n que, como dir√≠a el Rey em√©rito, me llena de orgullo y de satisfacci√≥n. Tanto como el que hoy me ha causado Oscar Izcara, el alcalde de mi pueblo, al imponerme esta cereza de oro que tanto significa para un rachel. Por eso, a partir de ahora, os prometo que llevar√© las dos juntas en las grandes ocasiones. Paisanos, muchas gracias ¬°y que viva Covarrubias!

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